GRACIAS

Quiero compartir desde el principio, que este proyecto nace desde el amor que he recibido en mi proyecto de Musicoterapia Musikare con las distintas madres, padres y bebés con los que comparto mi día a día, personas especiales, cada una con su circunstancia, luchadoras, sensibles, valientes, rodeadas de una luz única y singular propia de cada núcleo familiar.

Agradezco también de corazón a todas aquellas personas que han compartido conmigo sus historias de vida y muerte, porque me han hecho estar más cerca de lo que quiero y los que quiero, valorando más la belleza de cada cosa y cada persona.

Y además, cómo no ... Gracias a Laura, mi amiga y hermana del alma, por todo lo que me ha enseñado y por las experiencias compartidas. Gracias a mis padres, Mari y Pablo, por darme la vida y enseñarme a crecer de la mejor manera que se podía y se puede. A mi hermano Jorge, por acompañarme desde la etapa intrauterina y ser el mejor hermanito del mundo. Y cómo no, a Coco, mi amor y compañero de vida, gracias infinitas por ESTAR ahí.

Un abrazo para ti, que lees estas páginas y te interesas por mi trabajo. Muchas gracias.

“ Sí. El corazón tiene su lenguaje. Habla palpitando a diferente velocidad en función de lo que experimenta. Habla secuestrándonos la lucidez, embriagándonos con sus sensaciones. Habla estremeciéndose y relajándose, como también dilatándose y encogiéndose. Está siempre activo y siempre enviando mensajes de vida.

El corazón se presenta a veces endurecido, otras tembloroso, engreído, airado, desmayado, desanimado, desfallecido, torcido, perverso, seco, terco, negligente, amargado, triste, envidioso …

La sabiduría del corazón puede generar cultura y bien. Se puede promover una cultura en la que en las manos y en la mente de los hombres haya un corazón apasionado capaz de discernir el bien, genuinamente recto, un corazón dilatado por la creatividad del amor, un corazón reflexivo y meditativo, capaz de guardar en él la intimidad ajena y custodiarla con respeto, un corazón que haga sentir su latido y su estremecimiento ante el sufrimiento ajeno. Un corazón herido también a la vez que sanador, firme y vigilante, en el que se fraguan los mejores planes y donde se cultiva la mansedumbre …

Descifrar el lenguaje del corazón pasa por prestarle atención, cultivar la atención a las sensaciones, por cultivar el silencio y la paz interior …

... Y para abrir el corazón ajeno es necesario antes abrir el propio, abrírselo a uno mismo, también con la inteligencia de la razón. Escuchar al propio corazón es el camino para el conocimiento de lo que significa ser realmente humano, frágil, blando, rítmico, vigilante, vulnerable, elástico, resistente, finito.”

"La escucha que sana. Diálogos con el sufrimiento"

José Carlos Bermejo

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